Arte y Medicina
Antonio Seguí (1934-2022) y sus 19 lecciones de anatomía
María Teresa García de Dávila, Pablo Young
Revista Fronteras en Medicina 2026;(01): 0055-0058 | DOI: 10.31954/RFEM/202601/0055-0058
Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.
Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.
Recibido 2025-12-12 | Aceptado 2025-12-30 | Publicado 2026-03-31
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El vínculo entre arte y medicina ha sido históricamente fértil, no solo como registro visual del cuerpo humano, sino también como espacio de reflexión crítica sobre la práctica médica y sus dimensiones éticas, sociales y simbólicas. En este cruce disciplinar, la obra de Antonio Seguí adquiere una relevancia singular al reinterpretar, desde una mirada contemporánea y profundamente humana, uno de los íconos fundacionales de la medicina moderna: La lección de anatomía del Dr. Tulp de Rembrandt van Rijn1,2.
A través de su serie de 19 “lecciones de anatomía”, Seguí no se limita a homenajear la tradición pictórica, sino que la subvierte mediante recursos propios del arte gráfico, la sátira y la fragmentación narrativa. En particular, su obra Mi clase retro propone una lectura crítica del acto médico, desplazando el eje desde el saber anatómico hacia las tensiones humanas que lo atraviesan: la distancia emocional, la construcción de autoridad, la banalización del cuerpo y la teatralización del conocimiento.
El presente trabajo se propone analizar esta reinterpretación desde una perspectiva interdisciplinaria, explorando cómo la obra de Seguí funciona como un dispositivo de reflexión sobre la medicina contemporánea, sus prácticas y sus contradicciones. En este sentido, el arte deja de ser mero objeto de contemplación para convertirse en una herramienta de pensamiento crítico sobre la condición humana y el ejercicio profesional.
Antonio Seguí (Figura 1) nació en Córdoba, Argentina, en 1934, abandonó sus estudios de derecho y viajó a Europa en 1951. Se instaló en Madrid y posteriormente en Paris donde residió con su familia.
María Teresa García de Dávila (Pety) conoció a Seguí durante la 3era Bienal Latinoamericana en Córdoba, siendo ella estudiante de Medicina, apasionada por la pintura en la comprensión e interpretación de las pinturas de reconocidos pintores argentinos radicados allí. Esta actividad visual y crítica la obtuvo de su padre, Dr. José M. García Robles, cirujano de la escuela del Dr. Pablo Mirizzi y del Dr. Baena, médico alergólogo, amigo de su padre y coleccionista de arte.
Antonio fue un pintor crítico, con base fotográfica, parte de lo gráfico y del dibujo con sus hombrecitos irónicos en distintas actitudes e intentó establecer conversaciones o miradas indicativas de que el espectador podría crear historias diferentes.
El sujeto está en la intención del pintor y trata de describir al hombre y sus contradicciones. Sus figuras despiertan en el espectador una búsqueda de referencias en un contexto irónico y desesperado en la inmovilidad que le confiere a sus personajes. En ellos sólo la mirada o las líneas dibujadas constituyen el único movimiento permitido. Su intención siempre es trágica y satírica.
La multitud representa la soledad, un continuo devenir que trata de mostrar un mosaico de personas, animales, números y letras en una disposición caótica y sin sentido con gestos de caricatura y así lograr una fuerza colectiva para hablar con el mundo que ya lo conoce.
Sus linograbados son escenas de la vida que él ha conocido y reinterpretado como el Cura Brochero, La reina de la ciudad, El hombre en la multitud, Gente de campo y la serie El teatro de la vida, y en todas ellas dan cuenta de su visión irónica y realista de la vida y de la sociedad.
Ha recibido innumerables premios, uno de los primeros fue el de la Universidad Nacional de Córdoba en el 22° Salón de Artes Plásticas y fue reconocido con la Legión de Honor en Francia.
Una de sus experiencias de vida lo llevó a pintar con mayor oscuridad; fue en la década del 70 con la muerte de su padre en Córdoba y un accidente sufrido por él en París. Su pintura de humor se transformó dando paso a una imaginería lúgubre y de tragedia.
Durante el curso en Curaduría de Arte en la Academia del Sur con el Profesor Jorge López Anaya en 1998, Pety eligió a Seguí y la Lección de Anatomía del Dr. Tulp (Figura 2)1.
Mi clase retro
Es una de las 19 obras del período (1978/79) refiriéndose a la Lección de Anatomía del Dr. Tulp de Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) (Figuras 3 y 4)1.
Este cuadro Mi clase retro número 16 de la lista (Figura 4) brinda una imagen sombría y ácida del ejercicio de la medicina mediante una lección de anatomía en la cual parece un acto desprendido del sentimiento, de respeto y donde la victima yace en situación de miseria. Esta serie de pinturas quizá guarden relación con su accidente y la muerte de su padre.
Utilizó como materiales acrílicos y pastel que parodian a la pintura flamenca; tiene distintos colores como tierra, azules, naranjas, violetas y usa el pasado para mostrar un presente.
Los rostros son del dibujante George Grosz, un expresionista alemán. Utiliza el humor, su interés por las tiras cómicas y la fotografía del Pop Art. También, mediante flechas y círculos, identifica o resalta una intención o movimiento, y su objetivo es crear una obra con lenguaje gráfico. Es un pastiche satírico con un juego de dos planos semánticos: el que enseña no solo es el Dr. Tulp sino también el pintor.
La pintura es un escenario “cubo”, la función de ese recurso es clara, destaca lo artificioso de la situación y distingue a los personajes de los demás. El dibujo y la caracterización crean estímulos conflictivos, un juego entre el humor y el miedo, entre el comportamiento humano instintivo, racional y académico.
Es una impresión con correcciones como si fuese un pizarrón con tiza para sus grafitis. De los personajes, cada doctor es identificable, con círculos, con números o nombres sencillos y de uso familiar como “Pepe”. Usa el lenguaje de los apodos y con estos recursos hace que los miremos para compararlos o diferenciarlos como así también genera un probable diálogo entre ellos seguido por las flechas del curso de la mirada.
Con estas correcciones o “llamadas” nos está informando que los doctores saben que los están pintando, de ese modo los está parodiando o caricaturizando. Ellos parecen preocupados por sus perfiles (nariz grande, rubor en las mejillas, sombreros) y con un obvio desinterés por la lección. El cadáver se transforma en Cristo y del cual emana mayor luz con una destacada blancura.
Seguí nos hace viajar por el tiempo y recordar que esta Lección de anatomía fue recibida con entusiasmo por la Asociación de Cirujanos de Amsterdam en 1632. Se cree que Rembrandt viajó a esta ciudad donde el Dr. Tulp era el Profesor de Anatomía1. Allí realizaría trabajos importantes como esta tela soberbia y digna de un grupo de hombres especiales que jamás habían posado.
Seguí reinterpreta la obra desde el dolor, muestra con la autoridad que sugieren las vestimentas y los sombreros de los doctores los símbolos de vanidad e interés propio así como el estado del arte quirúrgico en nuestro siglo. Enfatiza la vanidad y la solemnidad adicionada a la debilidad y a la soledad de cada uno en su grupo social y profesional.
Es un agudo observador, sus figuras desconciertan a veces y otras decoran. Su obra es humana, con compasión muestra las debilidades del ser y con precisión realiza una acabada radiografía de la sociedad en diferentes tiempos y circunstancias.
Otras lecciones de anatomía
de Seguí
El último de la serie de pinturas de Seguí inspirada en la Lección de anatomía de Rembrandt es Encore Dr. Tulp (Figura 5), de 1979, que es parte de la Colección Amalia Lacroze de Fortabat y puede ser visitado.
Es acrílico sobre tela, 150 x 150 cm. En su profusa obra gráfica y pictórica, Seguí se apropia y hace uso de la serialidad de la historieta, incorporando números, letras, grafitis, frases onomatopéyicas o flechas, para subrayar una intencionalidad o la dirección de un movimiento. En esta obra, el artista hace un juego paródico de La lección de anatomía, que en los años 60 del siglo pasado fue abundantemente citado por distintos artistas. Mientras convierte en monigotes a los que siguen la lección del doctor Tulp, Seguí focaliza la atención no tanto en el brazo descarnado al motivo de la clase sino en las manos, acentúa el gesto solemne del catedrático al duplicar la que esté levanta en gesto doctoral.
La relectura que propone Antonio Seguí de la lección anatómica clásica trasciende el campo artístico para instalarse como una interpelación profunda a la práctica médica. Al despojar la escena de su solemnidad original y cargarla de ironía, fragmentación y ambigüedad, el artista evidencia las tensiones latentes entre conocimiento y humanidad, entre técnica y sensibilidad, entre el rol profesional y la condición humana.
A modo de cierre podemos decir que, lejos de representar simplemente una crítica, su obra funciona como una radiografía simbólica de la medicina moderna: un espacio donde conviven el rigor científico con la fragilidad emocional, la vocación con la rutina, y la búsqueda de sentido con la posible deshumanización del acto clínico. En este contexto, el cuerpo —antes objeto de estudio— se transforma en un elemento que interpela éticamente al observador, obligándolo a reconsiderar su lugar dentro de la escena.
Young P. Donde terminan las palabras, comienza el Arte (y la Medicina). Fronteras en Medicina 2025;20:71-2.
Rosler R, Young P. La lección de anatomía del Dr. Tulp: El inicio de una utopía médica. Rev Med Chil 2011;139:535-41.
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